Introducción

Interpretando que la concepción y misión del ser humano, como la única especie racional de la tierra, consistiría en hacerse cargo de la posesión y posición del planeta, “los asentamientos humanos” se constituirían como la máxima expresión de ello, de manera que el medio natural se transforma y deja de ser originario para convertirse en la realidad física humana. En este sentido el concepto de “habitar” o “hábitat” ocupa una posición central en la relación hombre-mundo.

Esta realidad física humana, se crea debido a diversos factores que cubren nuestras necesidades de conjunto, como la convivencia, el trabajo, la movilidad, el esparcimiento, la educación, etc., y produce el que los seres humanos nos agrupemos generalmente en dos tipos de concentraciones; a las de poca o reducida población las denominamos “áreas o zonas rurales“ y las que presentan una cantidad relevante de población, bajo la distinción de espacios y entornos comunes intervenidos, con o sin orden, las denominamos “áreas urbanas”. A estas también se les otorga el titulo de “ciudad”.

Hasta el momento los factores y satisfactores comunes que incentivan a la población rural a migrar a las ciudades o cuando menos a estar cerca de ellas, y que son piezas claves para su desarrollo, son aquellos que cumplen con los derechos humanos ya reconocidos, sin embargo, en la mayoría de las ciudades densamente pobladas, principalmente en las de los países en vías de desarrollo, los derechos de las personas se encuentran bajo un estándar de desequilibrio y de manera consistente la calidad de vida se muestra deteriorada y su tendencia se perfila hacia una mayor reducción.

Actualmente algunas de estas ciudades son mucho más grandes y populares de lo que se podría haber imaginado hace menos de 50 años, hoy son y serán escenario y laboratorio de actividades humanas que hasta el momento no hemos considerado. Hemos transitado del término de ciudades a mega-ciudades y de metrópolis a megalópolis. En futuros cercanos, algunas poblaciones rurales se convertirán en ciudades, algunas ciudades se transformaran en metrópolis, las metrópolis en megalópolis y las megalópolis se integraran en “polimegalópolis”.

De acuerdo con proyecciones demográficas de la ONU, entre el 2007 y el 2050 la población urbana de nuestro planeta aumentará en 3.1 billones de personas. Este crecimiento resultará en un aumento del costo de la infraestructura existente, servicios gubernamentales, recursos naturales, emisiones y muchos otros aspectos críticos para la calidad de vida en las zonas urbanas.
América Latina es líder en este fenómeno, setenta y cinco por ciento de su población vive ya en espacios urbanos. México no es la excepción, hoy la población urbana es de más del 78% y se espera un incremento hacia el año 2050 hasta del 90%. Según la ONU estima que para el año 2050 la población de México se incremente hasta 156 millones de habitantes. 32 millones de personas más que la población actual, por lo tanto aproximadamente 140 millones de personas viviendo en las ciudades.

Hoy por hoy, las políticas y estrategias de desarrollo han subestimado los costos económicos y sociales del crecimiento demográfico, la desigual distribución territorial de la población, el impacto de las actividades productivas y de la urbanización sobre la calidad del aire, el agua y los suelos, eluden las implicaciones de la degradación y destrucción de los recursos naturales.

Es claro que las estructuras de gobierno y sus autoridades van a la zaga, la realidad rebasa por mucho las intenciones, fuerza y capacidades de la gestión oficial.

Lo anterior implica una participación ciudadana que aplique su inteligencia hacia los retos que ya se encuentran frente a frente, conciencia para construir nuevos instrumentos y herramientas de política pública que se orienten a satisfacer, de manera equilibrada, las necesidades futuras del ser humano.

Para ello, una de las políticas internacionales más aceptada que examina la reconversión de los desequilibrios mundiales es la establecida en la Conferencia de la Organización de Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo, celebrada en la Ciudad de Rio de Janeiro en 1992, también conocida como “La Cumbre de Rio”, cuyo objetivo fue establecer una alianza mundial nueva y equitativa mediante la creación de nuevos niveles de cooperación entre los Estados, los sectores claves de las sociedades y las personas.

Esta política internacional establece de manera directa en sus principios que “los seres humanos constituyen el centro de las preocupaciones relacionadas con el desarrollo sostenible”. Señala además que “todos los Estados y todas las personas deberán cooperar en la tarea esencial de erradicar la pobreza como requisito indispensable del desarrollo sostenible, a fin de reducir las disparidades en los niveles de vida y responder mejor a las necesidades de la mayoría de los pueblos del mundo”.

La Cumbre de Rio, se posiciono a través del concepto de desarrollo sustentable (proveniente del Informe Brundtland en 1987), es por tanto la conjugación de dos derechos humanos inalienables; por un lado el “derecho al desarrollo” como un derecho amplio que articula y concentra otros derechos civiles, sociales y económicos relacionados al progreso y por el otro, el “derecho a un ambiente sano”, como un derecho que tiene como meta proteger y conservar los ecosistemas de la tierra, con el fin de continuar la permanencia y supervivencia del ser humano en el planeta.

El término conocido popularmente como “sustentabilidad”, que se refiere generalmente a la protección y cuidado del medio ambiente, lo utilizamos en este caso como “slogan”” para posicionar el tema “ciudades sustentables”. Sin embargo, hablar del desarrollo sustentable, es ampliar el espectro e incrementar la mira, es dirigir nuestras fuerzas hacia mayores y mejores objetivos, es reorientar y conducir los cambios futuros bajo la verdadera visión de este nuevo derecho, “el derecho humano al medio ambiente y al desarrollo”.

En México, el concepto del desarrollo sustentable lo encontramos implícito en un gran número de documentos oficiales, incluyendo la misma Constitución Política, los planes nacionales de desarrollo, los planes estatales y los diferentes programas sectoriales. También se presenta para causas menores o de menor rango de impacto social.

En el campo comercial existe un abuso indiscriminado de su utilización, todo producto o mercancía, desde edificios hasta objetos pequeños, se anuncian como “sustentable”. De cualquier manera en su mayoría se orientan hacia la protección y el cuidado al medio ambiente, y esta correcto, sin embargo todavía existe una gran oportunidad para cubrir el concepto en su forma más objetiva “los productos como desarrollo sustentable”.

Creemos importante hacer análisis y evaluaciones de nuestras políticas públicas, sus estrategias, programas y proyectos, con el objetivo de renovar y en su caso generar ideas sobre la práctica profesional bajo la visión amplia del desarrollo sustentable, por ello este 2do Congreso de Sociedades Especializadas perfila y orienta su temática y estudio hacia “las ciudades como desarrollo sustentable”.